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Practice Makes Better | Intérpretes y Traductores

El dicho “practice makes perfect” se usa para expresar que la perfección puede resultar únicamente de la práctica. Ciertamente esa es una idea generalizada, incluso en el campo de la traducción e interpretación.  Por supuesto, la práctica nos hace mejores, aunque no creo que perfectos. Recuerdo que cuando estudiaba interpretación las profesoras solían decir “no existe la interpretación perfecta”, y nuestra calificación jamás podía ser un diez; si acaso, en un día de absoluta inspiración y precisión podíamos aspirar a un ocho. Ahora, un par de décadas después, creo que más allá de la táctica didáctica intimidatoria, las palabras de mis profesoras eran verdad.

Nadie es producto terminado, ni los intérpretes de la ONU, ni los AIIC, ni los peritos traductores o los traductores de las grandes obras de la literatura; pero, lo que sí es un hecho, es que siempre hay que prepararse, que practicar, grabarse, autocriticarse, pedir comentarios a los colegas, mirar nuestro desempeño con ojo crítico. En el caso de los traductores, además de lo anterior, quizás dejar el texto descansar por un buen tiempo y luego volver a él con ojo crítico, propio o ajeno.

Cuando vemos a un patinador extraordinario, a un clavadista que no saca una gota de agua, o a un pianista cuyas manos vuelan sobre el piano, pensamos que ellos lo hacen perfecto, que no hay una falla, que todo es impecable. Y, ciertamente, así lo es ante los ojos poco conocedores que tan solo se asombran ante los giros y las notas nítidas. Sin embargo, si les preguntamos, ellos nos dirán que hubo algo fuera de tono, de posición, de lugar, que se puede mejorar.

Con esto no queremos decir que si no podemos ser perfectos no vale la pena seguir intentándolo. Todo lo contrario, seguir y seguir nos hace mejores. En el caso de los intérpretes y traductores nos dará más vocabulario; aportará más claridad a nuestra voz, a nuestras ideas; nuestro texto fluirá mejor; nuestra voz tendrá mejor calidad. Y el mensaje final será más claro y permitirá una mejor comunicación entre gente que no comparte la misma lengua. Eso sí.

La educación continua, la autocrítica, la retroalimentación y la práctica hacen al maestro, al experto, no al perfecto, pero ¿quién quiere ser perfecto?

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