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No me llamen traductor

Si bien la traducción y la interpretación son actividades afines, es común que en el entorno de nuestro trabajo como intérpretes la gente nos llame, principalmente, traductores.  Es cierto que el cliente y el público no están obligados a conocer la diferencia entre un traductor y un intérprete; sin embargo, nosotros sí estamos obligados (por respeto a nuestras actividades como uno y otro) a enseñarles esa diferencia. Es posible que mucha gente no sepa, siquiera, que existe el término intérprete y entonces extrapolen la noción de traducción a todo lo que tenga que ver con “los idiomas”, como también dice la gente.

El Diccionario de la RAE define al intérprete como “persona que explica a otras, en lengua que entienden, lo dicho en otra que les es desconocida”. La clave es “lo dicho”. La interpretación está relacionada con la palabra hablada. Con respecto al traductor, el mismo diccionario dice que se encarga “de expresar en una lengua lo que está escrito en otra”.

¿Por qué lo repetimos? Por una parte, porque entendemos que es nuestra responsabilidad informar a nuestros clientes sobre nuestros servicios, sobre nuestra actividad: hablar un mismo idioma con ustedes. Pero, además, porque en reciente entrevista de la presidente del Colegio Mexicano de Intérpretes de Conferencias, nuestra colega Hilda Tejada, con el Leonardo Curzio en su programa de radio, noté cómo a lo largo de la conversación el Sr. Curzio usaba indistintamente “traductor” e “intérprete” después de haber preguntado él mismo cuál era la diferencia.  Eso me hizo reflexionar sobre la necesidad de escribir sobre esto nuevamente, sobre lo común que es usar los términos indistintamente y sobre lo habituado que está el usuario del servicio, y el escucha,  a no reparar en la diferencia. 

Los intérpretes profesionales estamos acostumbrados a que nos llamen traductores, pero también estamos habituados a que los escuchas le llamen traductor al receptor con audífonos que utilizan para escucharnos en modalidad simultánea.  “¡No sirve mi traductor!”, dice alguien agitando su receptor y audífonos, “algo le está pasando”.  Los intérpretes sonreímos, estamos habituados, pero estamos comprometidos con la necesidad de informar a nuestros escuchas sobre quiénes somos y qué hacemos: tendemos un puente de comunicación verbal entre personas que hablan lenguas distintas. Somos intérpretes profesionales.

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